El control de los recursos públicos condición inevitable de la democracia real

El control de los recursos públicos condición inevitable de la democracia real
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Hay períodos históricos en que los ciudadanos, ingenuos y confiados, llegan a celebrar como ocurrencias divertidas afirmaciones tremendas, del tipo "el dinero público no es de nadie". Tal confianza, tal desentendimiento en manos de los administradores tiene un coste. Y no es barato, como advirtió Unamuno: ?si oís decir que lo que es de todos no es de ninguno, esa es una barbaridad muy grande que han inventado los ladrones para robar más a su gusto". El despilfarro que se nutre y alimenta de dinero público siempre tiene fecha de caducidad. Más pronto que tarde la realidad se impone. Entonces la ciudadanía que renunció a su derecho inalienable a controlar lo que es suyo descubre con indignación que el triunfo de la corrupción, el derroche y el saqueo de los fondos públicos conduce a la ruina y que la salmodia del "todos tenemos derecho a todo" fue el narcótico que utilizan los que siempre tienen derecho a más que nadie. Cuando se deshace el embeleco, llegan los tiempos duros. Y los mismos que alababan nuestra indiferencia ante lo que ellos hacían con el dinero que nos sacaban de nuestros bolsillos, nos exigen a nosotros, a nuestros hijos, y a nuestros nietos, que sufraguemos los excesos que ellos cometieron con lo que no les pertenecía. Entonces muchos se preguntan ¿y la Democracia? ¿y el Estado de Bienestar? ¿y el Estado social y democrático de Derecho que proclama la Constitución?. Ninguna disposición legal, ningún concepto, ninguna palabra por solemne o grandilocuente que sea (Derecho, Constitución, Democracia, Autonomía), ninguna Institución cambia la realidad. El poder de las Leyes, de las grandes y solemnes palabras e instituciones, no reside en ellas, sino en los ciudadanos, cuando las apoyan y exigen su cumplimiento contra quienes las violentan e incumplen. Los ciudadanos hacen a fuerte la Democracia, la Libertad, la Constitución y el Estado de Derecho cuando exigen que se rindan cuentas claras, oportunas, completas, exactas y detalladas. La esencia de la democracia no son las periódicas elecciones, sino el control del poder. Y el verdadero control del poder exige el control de todos los fondos y cuentas públicas. Algo que parece desconocer nuestra democracia y su clase política y, lo que aún es peor, la ciudadanía. Para esta labor existen instituciones específicas: las Entidades de Fiscalización Superior. Saber cómo funcionan las mejores en las economías más avanzadas y cómo actúan las sociedades civiles más conscientes para evitar la corrupción, el derroche y el saqueo de los fondos públicos, y evitar la quiebra del sistema, es el objeto de estas páginas. También se recogen un conjunto de recomendaciones para que triunfen, si de verdad lo quieren los ciudadanos, la eficacia, la eficiencia, la economía y la legalidad en los gastos y cuentas públicas frente a la falsedad, la mentira y la ocultación del saqueo padecidos.

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